Por: N. y H. Melchor López Rendón. Según datos recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), estos padecimientos siguen siendo la principal causa de muerte a nivel global, cobrando más de 17.9 millones de vidas cada año, una cifra que equivale a casi un tercio de todas las muertes en el planeta.
Lo más alarmante es que más del 80 por ciento de estos casos podrían prevenirse con hábitos saludables, chequeos médicos regulares y una mayor conciencia sobre el cuidado del corazón.
Un problema global que no distingue fronteras
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) abarcan una amplia gama de trastornos del corazón y los vasos sanguíneos, siendo los más comunes el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular, aunque suelen asociarse con personas mayores, la realidad es que cada vez afectan a poblaciones más jóvenes, impulsadas por el estrés, el sedentarismo y una alimentación poco saludable.
De acuerdo con la OMS, más de tres cuartas partes de las muertes por ECV ocurren en países de ingresos bajos y medianos, donde la atención médica es limitada y los factores de riesgo como la obesidad, la diabetes o la hipertensión están en aumento.
Factores de riesgo: los enemigos del corazón
Los especialistas advierten que las causas más comunes detrás de las enfermedades cardiovasculares son:
- Tabaquismo y consumo excesivo de alcohol
- Las infecciones no tratadas
- Alimentación alta en grasas saturadas, azúcares y sodio
- Falta de actividad física
- Estrés crónico y falta de descanso
- Hipertensión arterial, colesterol elevado y diabetes mal controlada
Estos factores, combinados con un estilo de vida acelerado, hacen que millones de personas vivan al límite sin darse cuenta de que su corazón está pagando las consecuencias.
La prevención: la mejor medicina
La buena noticia es que la mayoría de los casos se pueden evitar, mantener un corazón sano no requiere sacrificios extremos, sino pequeños cambios sostenidos en la rutina diaria:
- Alimentarse con frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y grasas saludables como las del aguacate y el aceite de oliva.
- Practicar al menos 30 minutos de actividad física moderada al día.
- Revisar regularmente la presión arterial y los niveles de glucosa.
- Evitar el consumo de tabaco y alcohol en exceso.
- Dormir lo suficiente y manejar adecuadamente el estrés.
Un llamado a la acción global
La OMS ha insistido en que los gobiernos deben reforzar las políticas de prevención, educación y acceso a la salud, pero también subraya que la responsabilidad empieza en casa, cada decisión que tomamos, lo que comemos, cuánto nos movemos, cómo gestionamos el estrés, puede marcar la diferencia entre un corazón sano y uno en riesgo.
“El corazón no se rompe de un día para otro; se desgasta poco a poco con cada hábito que lo descuida. Cuidarlo hoy es asegurarse de seguir latiendo mañana.” N. y H. Melchor López Rendón.
