Autores y maestros espirituales de mucho prestigio y de una gran trayectoria, nos invitan a mirar el divorcio desde una perspectiva mucho más profunda, compasiva y consciente, lejos de ser un fracaso, un divorcio puede ser una oportunidad para evolucionar.
Por Nta. Melchor López Rendón: El divorcio suele ser percibido como una batalla: una ruptura dolorosa donde el amor que un día unió se transforma en reproches, juicios y confrontación, las heridas, las emociones intensas y las expectativas frustradas nos empujan, muchas veces, a ver al otro como un enemigo, sin embargo, esta no es la única manera de transitar este proceso.
Autores y maestros espirituales de mucho prestigio y de una gran trayectoria en el Desarrollo Humano y Espiritual como Emilio Carrillo Benito y Lama Rinchen Gyaltsen, nos invitan a mirar el divorcio desde una perspectiva mucho más profunda, compasiva y consciente, lejos de ser un fracaso, un divorcio puede ser una oportunidad para evolucionar, cerrar ciclos con gratitud y, sobre todo, honrar lo vivido.
La relación no fue un error, fue un camino compartido
Durante años, compartimos con esa persona momentos de alegría, retos, crecimiento y amor, fue alguien a quien elegimos y que también nos eligió, aunque hoy ese vínculo cambie de forma, nada borra lo vivido, y eso, dicen tanto Emilio como Rinchen, es digno de ser agradecido.
Separarse no debería implicar destruir lo construido, al contrario: si hay algo que agradecer, si hubo amor sincero, es posible cerrar el ciclo en paz, esto no significa que no haya dolor, pero sí que podemos elegir cómo transitarlo.
La compasión como base de la separación
Lama Rinchen nos recuerda que la compasión auténtica no desaparece con el fin de una relación, podemos sentir dolor, frustración e incluso enojo, pero sin dejar de ver al otro como un ser humano que también está sufriendo, no se trata de negar las emociones, sino de vivirlas desde un espacio de presencia y entendimiento.
Un divorcio amigable es un acto de sabiduría y madurez espiritual, significa decir: “ya no caminamos juntos, pero te respeto, te agradezco y te libero con amor”. Es soltar sin rencor, y permitir que cada uno siga su camino desde su verdad.
Cuando hay hijos, el amor debe ser aún más grande
Si hay hijos de por medio, la invitación al divorcio amigable adquiere aún mayor fuerza, porque los hijos no deben cargar con el resentimiento de sus padres, ni convertirse en jueces, mensajeros o testigos de hostilidades, ellos merecen ver que el amor puede transformarse sin destruir.
Emilio Carrillo propone una mirada trascendente: “todo vínculo llega con una función evolutiva”. Si la relación ya cumplió su ciclo, el siguiente paso es seguir evolucionando desde el respeto mutuo y el amor hacia los hijos.
Cerrar ciclos en gratitud
El divorcio amigable no es una utopía, es una elección consciente, es darnos cuenta de que no necesitamos destruir al otro para justificarnos, podemos reconocer nuestras diferencias, los caminos divergentes, y aun así honrar lo vivido, separarse con dignidad y gratitud no solo nos libera, sino que nos sana profundamente.
No se trata de olvidar, sino de transformar, no se trata de borrar, sino de integrar, porque si alguna vez amamos con el corazón, también podemos cerrar con el corazón.
Para quienes hoy están atravesando un divorcio: que este proceso sea un umbral, no un abismo, que la compasión guíe sus pasos, y que, por encima de todo, recuerden que el amor verdadero no se destruye; solo cambia de forma.
