La Revista del Consumidor, publicada por la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO), realizó un análisis revelador sobre el consumo de azúcares. ¿La conclusión? Lo que no sabes sobre ese toque dulce podría estar afectando más de lo que imaginas.
Los azúcares son carbohidratos presentes de forma natural en alimentos como frutas o leche, pero también se añaden durante la elaboración de productos procesados. La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene una recomendación clara: si decides consumir azúcares libres, que no superen el 10% de tus necesidades calóricas diarias. Y mejor aún, si reduces ese consumo a la mitad —lo equivalente a menos de un vaso de refresco de 250 ml al día— podrías ver mejoras significativas en tu salud.
Azúcares naturales vs. azúcares libres
No todos los azúcares son iguales. La PROFECO distingue entre dos grandes grupos:
- Naturales: Son los que vienen “de fábrica” en alimentos sin procesar. La fructosa en las frutas, la lactosa en la leche y la sacarosa en la caña de azúcar son ejemplos comunes. Su combinación varía según el alimento, lo que también influye en su sabor y su efecto en el cuerpo.
- Libres: Son los que se agregan a los alimentos y bebidas procesadas, los que tú mismo añades al café o los que están naturalmente presentes en miel, jarabes, jugos y purés de frutas. Sí, incluso un jugo natural puede contener azúcares libres.
¿Y cuánto estamos consumiendo en México?
Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) en sus rondas 2020-2023, el 67.1% de los escolares y el 64.7% de adolescentes consumen más azúcares añadidos de lo recomendado. Una tendencia preocupante que tiene consecuencias a largo plazo en la salud.
¿Y los edulcorantes? ¿Son la solución? No necesariamente.
Aunque los edulcorantes pueden parecer una opción “más saludable”, la realidad es que también tienen su lado oscuro. Los hay calóricos y no calóricos, naturales o artificiales. Pero incluso los no calóricos pueden causar efectos metabólicos negativos, como una menor sensibilidad a la insulina y mayores niveles de glucosa en sangre.
Además, hay estudios que advierten: pueden alterar la microbiota intestinal, cambiar la percepción del sabor dulce, fomentar la preferencia por alimentos azucarados y afectar el metabolismo de la glucosa. Y lo más alarmante: los niños se acostumbran desde pequeños a un umbral elevado de dulzura.
La recomendación es clara: menos es más.
La PROFECO aconseja evitar el consumo de azúcares añadidos y edulcorantes, o al menos reducirlos al mínimo. No es necesario renunciar al sabor dulce, pero sí aprender a identificar cuándo y cómo aparece en nuestra dieta diaria.
