Los anticuerpos pasivos son anticuerpos que se administran directamente a un individuo en lugar de ser producidos por su propio sistema inmunitario, estos anticuerpos provienen de fuentes externas, como animales inmunizados o personas que han desarrollado una respuesta inmunitaria específica contra un patógeno.
Hay dos formas principales de obtener anticuerpos pasivos:
- Sueros de animales inmunizados: Se pueden inyectar pequeñas cantidades de un antígeno en un animal, como un conejo o una cabra, para inducir una respuesta inmunitaria, los anticuerpos producidos por el animal se pueden recoger de suero sanguíneo y purificar para uso terapéutico en humanos.
- Anticuerpos monoclonales humanizados: Estos son anticuerpos diseñados específicamente para atacar un antígeno particular en humanos, se producen mediante técnicas de ingeniería genética para que sean lo más similares posible a los anticuerpos humanos.
Los anticuerpos pasivos son útiles en situaciones donde se necesita una respuesta inmediata contra un agente patógeno específico, como en casos de infecciones graves o exposiciones a toxinas, proporcionan protección temporal y pueden utilizarse como medida preventiva o terapéutica, dependiendo de la situación médica del individuo, pero sobre todo son utilizados en emergencias.
